AVENTURAS Y DESVENTURAS EN EL PAíS DE NYERERE

Nos tendríamos que haber quedado en la frontera. Pero las ganas de aventurarnos en el nuevo país nos jugó en contra cuando, bien entrada la tarde y al intentar terminar los imposibles 45 kilometros que separan el puesto de migraciones tanzanés y la ciudad de Tukuyu, se largó una lluvia torrencial.

Aun sin lluvia no hubieramos alcanzado el destino.
Ni bien se pasa de Malawi a Tanzania el terreno cambia completamente. El nuevo paisaje, con cultivos más diversificados que los que veníamos viendo, se vuelve montañoso, por lo que nuestra marcha se hizo necesariamente lenta.

No era sólo la lluvia y la cercanía de la noche lo que nos preocupaba sino también la imposibilidad de comunicarnos con los tanzanianos. A diferencia de otros países de la región que toman el idioma del colonizador como lengua oficial, en Tanzania el uso del inglés como lengua escolar queda reservado para la etapa del secundario. La primaria se dicta en swahili (o kiswahili), la principal lengua indígena del país, con la que se busca promover la unidad nacional de la ex colonia británica (y antes alemana). El swahili es el idioma de los habitantes de la costa del Africa oriental, una lengua donde se mezcla la raiz bantú con el árabe y hasta el portugués, reflejando el intenso tráfico comercial que se daba alrededor de la costa de lo que hoy son el territorio continental deTanzania y Kenya y la isla de Zanzíbar. Las caravanas que iban a comerciar marfil, ébano y esclavos al interior del continente lo convirtieron en lengua franca de la región.

Por esta razón fue providencial encontrarnos con los estudiantes de magisterio que, además de hablar inglés y ser de lo más amables, nos dejaron guarecernos de la tormenta y pasar la noche dentro de la casa que habitaban. Los jóvenes, provenientes de distintas zonas del pais, estudiaban en Tukuyu pero se encontraban unos kilómetros más acá porque estaban haciendo las prácticas en la escuela de la zona.Eran nueve y cada uno se sacó entre dos a tres fotos con nosotros, lo que sumado a las grupales da un total de veintiséis disparos de cámara. Finalmente nos fuimos a dormir. Fue ahí cuando uno de ellos nos advirtió que no nos preocupáramos si en medio de la noche escuchábamos a "pequeños organismos peleando por comida". Los roedores, en efecto, llegaron a eso de las 4 de la madrugada, momento en que agradecimos tener aplicada la vacunacion antitífica.

Al día siguiente llegamos a Tukuyu, una ciudad bastante caótica como todas las que conocimos en Tanzania. Después de descansar un día, volvimos a cruzar una cordillera, la de Rungwe, un paso de más de 2000 metros y unos 70 km. hasta llegar a la siguiente ciudad, Mbeya. Allí, un virus informático en un descuidado cibercafé casi acaba con todos nuestros archivos fotográficos, que tardamos un día entero en recuperar.

La primera noche la pasamos en la pocilga que nos recomendó un ciclista eslovaco que habiamos encontrado en el camino y las restantes en El Sombrero, un hotel caro pero limpio y con "verdadera agua caliente". El personal era, además, muy atento, algo que nos resultaba cada vez más difícil de encontrar. Fue una suerte estar allí cuando a las 11 de la noche tuvimos que salir a buscar un hospital porque Karina tenía fiebre nuevamente.

Conseguir llegar al nosocomio fue un operativo y cuando llegamos el remisero (y su amigo, que tambien viajó con nosotros) se despacharon con un precio que no eran los carísimos 7 mil shillings de los que habíamos hablado al principio, sino un poco más.Con un nuevo examen de malaria de resultado negativo y visto a la distancia, encontrar las puertas cerradas con llave y, despues de que nos abrieran, a un médico semidormido, parece una pavada. Pero no lo vivimos así en el momento.

Nuestro pedaleo continuó hacia nuestro siguiente objetivo, la ciudad de Iringa, camino a Dar es Salaam, desde donde tenemos el vuelo hacia la siguiente gran etapa de nuestro viaje, Medio Oriente. Esta es una modificación al plan original, que nos sugirió un belga, Mehdi, que conocimos en Sudáfrica. Mehdi, hijo de tunecinos, conoce bien la región y logró convencernos.

PELIGROSA TANZANIA
Veníamos despacio, después de subir casi todo el día las pendientes del montañoso Valle del Rift, la fractura geológica que atraviesa casi todo el Este de África, buscando un lugar para descansar un rato. Hacía poco que habíamos entrado a una plantación forestal, un inmenso bosque desolado, donde los habituales campesinos habían desaparecido. Sin embargo, la presencia de dos hombres con machetes a un costado de la ruta nos disuadió de parar.

Mientras pasábamos a su lado, uno de ellos se dirigió hacia nosotros gritando cosas que no entendíamos en swahili, en un tono poco amistoso. Nos empezó a seguir, gritando cada vez más. Solo distinguíamos la palabra “stop”. Por supuesto, ni pensamos en parar. Karina, desde la posición trasera del tándem, vio que estaba muy cerca y empezaba a correr blandiendo el machete de medio metro de hoja que empuñaba. Aceleramos, el tipo tiró el manotazo, cosa que descubrimos más tarde al ver roto uno de los aislantes que llevamos en el trailer, y lo que parecía un incidente más a los que el tránsito por África nos tenía acostumbrados, pasó a ser una cacería en la que nosotros éramos el objetivo.

Vimos como el hombre, desaforado, perdía alternativamente en su carrera las dos ojotas con las que estaba calzado y, al no poder alcanzarnos, porque habíamos pasado, a pesar de la carga de 50 kilos, de unos 14 o 15 tranquilos km/h a casi 35 en poco tiempo, nos arrojó el machete desde unos cinco metros de distancia. Nos pasó por al lado, cayendo a escasos 30 centímetros de la rueda delantera, pero supimos que habíamos podido escapar. No obstante eso, seguimos acelerando y, aprovechando una oportuna y bienvenida bajada, dejamos atrás al energúmeno.

El solitario y peligroso bosque se prolongó por cerca de veinte kilómetros más, en que como se imaginarán los lectores no paramos ni bajamos el ritmo hasta, a unos 35 kilómetros del lugar del acontecimiento, llegar a la ciudad que era nuestro objetivo del día, Mafinga. Un policía al que le contamos el hecho nos dijo que había sido “a causa de su piel blanca”, una respuesta poco tranquilizadora.

Este incidente nos hizo replantear nuestra ruta y nuestros últimos kilómetros por esta parte de África. Desde que entramos a Tanzania, en la cual anduvimos unos 400 kilómetros, la cosa se había puesto cada vez más hostil. Los problemas siguieron todo el tiempo que estuvimos en el país, incluso en la ciudad más importante, Dar Es Salaam, la sensación era estar permanentemente al borde de algún incidente similar. La decisión fue dejar de pedalear por este país para no exponer más nuestras vidas pues, claramente, si el hombre del machete lograba darnos alcance, lo que siguiera no iba a ser pacífico.

El camino a Dar es Salaam, como ya relatamos, no fue para nada tranquilo. Antes del intento de robo o asesinato, como prefieran, anduvimos tres días por una meseta poblada por campesinos y plagada de subidas. Los camiones, pero sobretodo los buses, tienen la costumbre de tocar bocina para que te corras y no se apartan un centímetro de su trayectoria, por lo que más de una vez tuvimos que salir de la ruta para no ser atropellados.

En Mafinga nos tomamos un ómnibus para Dar Es Salaam, con la consiguiente lucha para meter tándem y trailer en la bodega de un destartalado colectivo. Cansados de pelear con todo el mundo, llegamos a la ciudad más poblada del país. Nos rodearon taxistas que pretendían llevarnos a pesar de que era obvio que íbamos en bicicleta. En medio del caos, alguien nos pinchó la rueda trasera.

Hartos de la situación, después de sacar la visa para Egipto (en cuya embajada nos trataron muy amablemente, igual que en la de Siria), decidimos ir (sin bicicleta) a la zona más famosa de Tanzania, la de los Parques Nacionales Serengeti y Ngorongoro. Allí tuvimos una satisfacción al hacer un inolvidable safari, visitando los llanos del Serengeti, donde el espectáculo de la naturaleza en todo su esplendor es inolvidable. No los vamos a aburrir con la descripción de lo que ya vieron posiblemente muchas veces en documentales, salvo mencionar que tuvimos la suerte de ver a dos leonas cazar un facóquero (jabalí africano) casi frente a nosotros.

De vuelta en Dar es Salaam, después de que Karina soportara (y evitara) otro intento de robo en la calle, nos dispusimos a esperar, visitando la isla de Zanzíbar, el ansiado vuelo a El Cairo.

Ver las fotos de nuestro recorrido en bicicleta por Tanzania.
Ver las fotos de Dar es Salaam, la principal ciudad de Tanzania.
Ver las fotos del Parque Nacional Lago Manyara.
Ver las fotos del Parque Nacional Serengeti.
Ver las fotos del Area de Conservación Ngorongoro.

UN POCO DE HISTORIA DE TANZANIA
Tanzania es la unión de las antiguas colonias británicas de Tanganyca (la parte continental) y Zanzíbar (las islas sobre el Indico), realizada al independizarse en 1964. El antiguo terriorio de Tanganyca fue primero el Africa Oriental Alemana, que pasó a manos inglesas después de la Primera Guerra Mundial.

La colonización alemana contó con una importante resistencia de los pueblos de la zona, derrotada no sin esfuerzo gracias a la superioridad militar y tecnológica europea. A diferencia de otros regiones de Africa, la actual Tanzania era un territorio de abundante y antiguo tráfico comercial, un punto de unión entre el interior africano y los países árabes, la India y hasta la China. La isla de Zanzíbar, especialmente, era un enclave del tráfico de especias y, especialmente, de esclavos, la mayoría provenientes de la zona del lago Nyassa, el actual Malawi. Y las caravanas que iban al interior en busca de marfil y esclavos, generalmente encabezadas por árabes, fueron el vehículo principal de difusión de la lengua y la cultura de la costa swahili.

El papel que jugó el tráfico esclavista en la historia regional es difícil de ignorar. Además del marfil los esclavos fueron el más lucrativo “artículo” de intercambio de la zona. Y si bien fueron las colonias europeas de América el principal receptor de esclavos, es importante destacar que rara vez eran los europeos los que hacían las cacerías, sino los propios africanos, que los vendían a los mercaderes swahilis o árabes. Como de costumbre, los “productores” de la materia prima eran quienes menos lucraban con ella.

Los portugueses fueron los primeros europeos en tocar la costa swahili con la célebre expedición de Vasco da Gama en 1498-99. Su dominio sobre el tráfico comercial duró unos dos siglos, hasta que los árabes recuperaron el control sobre Zanzíbar en 1699. Posteriormente, en el siglo XIX, la isla se convirtió en un todavía más importante enclave comercial, que entabló inclusive relaciones diplomáticas con las potencias europeas del momento. Sin embargo, pronto la expansión colonial europea se apoderó de la zona, como de casi todo el resto de Africa, con los alemanes en el continente y los ingleses en las islas. Después de un breve enfrentamiento en la Primera Guerra Mundial, todo pasó a poder de los ingleses.

Con la descolonización llegó la hora de la independencia, encabezada por el gran líder tanzaniano Julius Nyerere. En 1964, una revolución expulsó al sultán remanente de Zanzíbar, y las dos zonas se unieron para formar Tanzania. Después de un intento de hacer un “socialismo a la africana”, el país se encaminó hacia una economía de mercado con un amplio sector campesino. Sin embargo, sus indicadores socioeconómicos son de una pobreza y miseria generalizadas, aun cuando comparado con otros países como Malawi o Mozambique su economía aparezca como más poderosa.

la llegada a mbeya

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